El Estado del disimulo en tiempos de COVID

Publicado el 12.05.2020.10:01 pm

Esto no es nuevo, ni tampoco original, pues José Ignacio Cabrujas (a mi juicio uno de los más brillantes y acertados interpretes de la idiosincrasia venezolana) ya lo había definido hace más de treinta años cuando señalaba lo siguiente en cuanto al Estado Venezolano:

 “El concepto de Estado es simplemente un “truco legal” que justifica formalmente apetencias, arbitrariedades y demás formas del “me da la gana”. Estado es lo que yo, como caudillo, como simple hombre de poder, determino que sea Estado. Ley es lo que yo determino que es Ley”

Verdaderamente parece ser que esto es parte del mapa genético venezolano, algo de lo que no nos podemos deslastrar. “El Estado del disimulo” sigue más vigente que nunca, y más aún en un contexto en el cual el poder necesita permanentemente justificar el “me da la gana” de turno.

Voy a ilustrar la idea que quiero destacar, con dos casos muy puntuales. Hace unos pocos años se estableció una “providencia” por Gaceta Oficial (creo que lo hizo el SAREN, Servicio Autónomo de Registros y Notarias) según la cual un carro usado no podía ser vendido por más de un monto específico determinado en la Gaceta. Por supuesto que pocas semanas después, ese monto era insignificante y no compraba ni una bicicleta. De modo que al momento de comprar o vender el carro, tanto el vendedor, como el comprador, así como el abogado que redactada el documento, y por supuesto también el notario o registrador, sabían que el monto que señalaba el documento era una cifra ficticia, un número requisito que nada tenía que ver con el monto real de la venta. Es decir, todos, (incluyendo al representante del Estado) disimulaban el cumplimiento de la norma.

En días recientes, diferentes gobernadores de diversos estados del país han decidido establecer un toque de queda, cuya justificación es la prevención del contagio del COVID 19. Igualmente, desde la más alta instancia del poder y dominio de Venezuela, presidida por Maduro, se decretó una cuarentena estricta en todo el territorio nacional.

La comentada medida funcionó unos pocos días, pero rápidamente fue desacatada por la fuerza de la realidad (en un país como la actual Venezuela, el 80% de la gente vive del día a día y tiene que salir a la calle). Es entonces cuando se institucionaliza con fuerza (una vez más) el “Estado del disimulo”. Mientras se viralizan los videos del atiborrado mercado de coche o la saturación de las zonas comerciales de Petare, Maduro habla de continuar la cuarentena quizá “flexibilizándola”.

¿Está Maduro desinformado de la realidad de la calle? ¡No! El conoce perfectamente la situación y sabe que la medida de cuarentena ya es impracticable, pero hay que mantener el disimulo, porque si levantan la cuarentena se acaba la justificación de la disimulada suspensión de garantías para “el bien común”

“El déspota, y vaya si los hubo, jamás usó la palabra “tiranía”, ni los eufemismos correspondientes, como podría ser la palabra “autoritario” o “gobierno de fuerza” o “régimen de excepción”. (… En lugar de escribir “me da la gana”, que era lo real, el legislador por orden del déspota, escribió siempre “en nombre del bien común” y demás afrancesamientos por el estilo” (José Ignacio Cabrujas)

 

Ricardo Ríos C. Presidente de Poder & Estrategia. Especialista en análisis de entorno y riesgo político.