Demagogia

Publicado el 17.06.2015.12:24 am

La d. no es propiamente una forma de gobierno y no constituye un régimen político sino que es una práctica política que se apoya en el sostén de las masas favoreciendo y estimulando sus aspiraciones irracionales y elementales y desviándolas de la real y consciente participación activa en la vida política. Esto se produce mediante fáciles promesas, imposibles de mantener, que tienden a indicar cómo los intereses corporativos de la masa popular, o de la parte más fuerte y preponderante de ella coinciden, en realidad más allá de toda lógica de buen gobierno, con los de la comunidad nacional tomada en su conjunto. Así se llamaba demagogo (de &ñuoc,. pueblo, y ãyw, guía), en la antigua Grecia aquel que, hombre de estado o hábil orador, supiera y guiar al pueblo. Fue con Aristóteles que el término adquirió en la teoría política un significado negativo.

La acción demagógica puede desarrollarse de dos maneras, aunque es bastante difícil poder distinguir de manera clara y precisa los momentos casi siempre concomitantes de las acciones. Un tipo de acción, en efecto, es la ejercida por quien, aprovechando particulares situaciones histórico-políticas y dirigiéndolas para fines propios exita y guía a las masa populares sometiéndolas gracias a particulares capacidades oratorias y sicológicas, a menudo distintivas que le permiten interpretar sus humores y sus exigencias mas inmediatas, uniendo a estos dotes carismáticas no comunes. En el desarrollo de esta política no se tiene mínimamente en cuenta, más que en forma extremadamente superficial y burda, los reales intereses del país ni los resultados últimos a los que puede conducir con el tiempo la acción demagógica, dirigida, en cambio, más que nada, a la conquista y al mantenimiento de un poder personal o de grupo. Con el término d. podemos pues referirnos a una situación política correspondiente a la descrita, pero en la que domina las masas en movimiento y se imponen sobre el legítimo poder constituido y sobre la ley haciéndola valer sus propias instancias inmediatas y controladas. En este caso Polibio habla más propiamente de oclocracia (historiae, VI, 3,5_12;4,1_11).
En la historia de la doctrinas políticas se considera que fue Aristóteles quien especifico y definió la d. señalándola como la forma corrupta o degenerada que lleva la institución de un gobierno despótico de las clases inferiores de muchos, que gobiernan en nombre de la multitud (política, IV,5,1592a). Por tanto cuando en los gobiernos populares la norma es subordinada al orbitrario de muchos surgen los demagogos que, halagando y adulando a las masas, exasperando sus sentimientos destructivos y desviando su empeño político, consideran como enemigos del pueblo o de la patria a los opositores al régimen despóticos instaurados consolidando así su propio poder a través de la eliminación de toda oposición.
Aristóteles define, por tanto, al demagogo como “adulador del pueblo” (política, V,11,1313b).

La d; según Platón (Republica,562-564) y Aristóteles (política,1304b_1305a). Pueden determinar, como crisis de la democracia extrema, dos diferentes situaciones políticas que llevan, siempre, a la instauración de un régimen autoritario oligárquico o tiránico. el primero surge de una exasperación del clima anárquico en que los demagogos han introducido al estado produciendo una reacción de los optimates que derriban a la mayoría casi siempre con el apoyo de las armas y a menudo con una ayuda exterior, instaurando un gobierno fértil. El segundo nace y es el caso más frecuente como ultima lógica consecuencia de la práctica demagógica eliminando así toda oposición. En estas condiciones en efecto, los demagogos, arrogándose el derecho de interpretar los intereses de las masas como intereses de toda la nación confiscan todo el poder y la representación de las masas e instauran una tiranía o dictadura personal.

El fenómeno de la d. se ha acentuado particularmente en nuestro siglo con el advenimiento y el desarrollo de la sociedad industrial y con la consecuente aparición sobre el escenario político del papel determinante de las masas y las crisis de las democracias liberales.

La era tecnológica en efecto, teniendo a la masificación del hombre y a su transformación en máquinas, ha hecho así que este tienda fácilmente a extraviar y a perder su propia individualidad hasta el punto de ser impulsado en su propia y angustiante inseguridad y en el asilamiento que lo atenaza todavía y solo en el grupo y en la masa, adecuando a ella sus propios comportamientos sociales y políticos. Se trata mirándolo bien de un círculo cerrado del cual difícilmente se puede salir puesto que en el exterior y en el interior del individuo existen tales condicionamientos que objetivamente impiden otra opción. En este marco la instrumentalización de las masas gracias precisamente a l aporte de las nuevas técnicas de persuasión y de manipulación de las conciencias se logra fácilmente. Así, a través de los vínculos que, sobre todo por merito de la psicología contemporánea, se han instaurado entre psicoanálisis y comportamiento político, el termino d. se ha cargado de nuevo significado y llenado de nuevos contenidos. Se ha aclarado por tanto, la existencia de relaciones sado-masoquistas que presidirían el vinculo entre demagogo y masa, relaciones que tenderían ayudar al hombre-masa a escapar de la soledad y de la impotencia de la enajenación y de la apatía política que existe en la sociedad industrial contemporánea. El carácter autoritario, tampoco explicado que como fondo vincula a ambos, consolida esta correspondencia, por la que hay por parte de la más a una verdadera identificación en el líder como momento de exaltación individual y colectiva, en consecuencia, aceptación siega de sumisión. Los fenómenos de fanática exaltación de campeones deportivos o de personajes del mundo del espectáculo, aun cuando nos conducen al campo de la identificación con el éxito del divo, ponen en movimiento mecanismo sustancialmente similares a los que presiden la relación líder-masa. De tal modo es posible hablar de d. moderna en contraposición a la d. clásica no solo como posible momento de inicio de un proceso revolucionario, y por lo tanto de un necesario elemento constitutivo de una fase prerrevolucuionaria (V. revolución), sino también como comportamiento de un líder político que no necesariamente conduce las masas a la revolución sino que las instrumentaliza para sus propios fines personales para proceder, una vez obtenido un amplio consenso apoya a un proceso de democratización o de subversión del sistema sociopolítico sino a la instauración de un régimen autoritario de que el demagogo sea un indiscutido y despótico jefe ( führer), cual acuerdo con las autoridades y las instituciones existentes con tal que estas le reconozcan un función carismática insustituible. De esta manera los mecanismos represivos acentúan, en lugar de disminuir, las características autoritarias del gobierno y de la sociedad e impiden la toma de conciencia libertaria de la masa.

Fuente; Dicionario de Noberto Bobbio